jueves, 22 de octubre de 2009

I weaker get with every step, i waste my money on compact disc and stalefish

Lo siento... si hubiera alguna forma de enmendar el daño que te causé ayer,cuando me envolví entre las piernas de aquella silente y trastornada hiedra de risas, sueños y confusiones. Deseo confesarme contigo, mas no puedo. Ella dice que la mejor forma de enmendar el daño es guardando silencio y haciendo lo mejor posible contigo. Ella sabe que si callo moriré de pena, ahogado en un mar de lágrimas que, se supone, no debería tener más profundidad que un vaso de agua; el mismo en el que han perecido millones de personas.

Así he decidido comenzar la historia: con la carta de suicidio del Doctor Peñaylillo. Cuando su secretaria, Daniela, se despidió de él la noche anterior, no sabía que sería la última persona en hablar con él. Tampoco podría haber adivinado que esto ocurriría, aunque seamos justos, la mujer no era una pitonisa, pero si no hubiera estado concentrada en la cita que tendría en un par de horas con el pelmazo que le rompería el corazón dentro de dos mesesmás, tal vez se hubiera percatado que la mirada del doctor Peñaylillo estaba más melacólica de lo habitual, que no llevaba puesto los lentes como acostumbraba y definitivamente hubiera notado la carta sin nombre que había sobre la mesa, ya que como Daniela solía decir, ella tenía un sexto sentido para las cosas sobre naturales.

Esta aseveración no estaba muy lejos de la realidad, ella recuerda muy bien cuando era pequeña -cerca 7 años de edad- y salvó aun primo de 2 años de una muerte triste, agobiante y desgarradora en la piscina del campo que tenía la familia de su padre, que más tarde, éste vendería al mejor postor por unos problemas monetarios con unas protitutas que al padre de Daniela legustaba visitar. PO de aquella vez que tuvo un mal presentimiento y le pidió a su hermano que no tomarael avión de las 5 de la mañana, ya que algo no le agradaba de la máquina y a las 2 horas este cayó al medio del atlántico cuando iba viajando a Europa.

La policia obviamente les hizo las preguntas de rigor a la secretaria, a que hora lo encontró, si lo había tocado(a lo cual respondió positivamente, puesto que fue a tomarle el pulso para ver si había algo que hacer; algo que los propios policías lo llamarían como en la jerga policial se dice "una imbecilidad") y aún cuando en algún momento se pensó que ella podría estar implicada en el asunto, la idea fue descartada al poco tiempo ya que "no había pruebas que mostraran forcejeo alguno".

Pero ¿Qué sucedía con el pobre doctor Peñaylillo? nadie le conocía pareja alguna, la mayoría de sus pacientes pensaban que era asexuado y la señora Henríquez más de alguna vez le intentó meter una cita con su nieta Ximena, una mujer vuluptuosa y un tanto promiscua, pero que en el fondo tenía un buen corazón.

Nadie sabía que sucedía en le corazón del Doctor Peñaylillo y, sinceramente, a nadie le importaba tampoco; que un mozalbete anduviera en andanzas extrañas poco importaba mientras diera la receta correcta y sus pacientes se mejoraran rápidamente de la enfermedad que padecieran. El doctor Peñaylillo era un gran doctor y sólo por esto era respetado, puesto que no salía muy seguido, no conversaba mucho y tampoco destinaba mucho tiempo a cualquier cosa que no fuera uno de sus libros que guardaba en su inmensa librería que tenía en su pequeño departamento que tenía en el último piso donde atendía a sus enfermos.

El doctor Peñaylillo era el hombre más ensimismado del misterioso pueblo llamado Quilache, no se sabe mucho de su vida pasada puesto que un día apareció en su automóvil con sus libros, compró un departamento y arrendó otro tres pisos más abajo para poner su consulta. De a poco comenzaron a llegar los enfermos hasta el punto de que lo hipocondriacos del pueblo se transformaron el parroquianos de la pequeña consulta. es de esta manera que arrendando la oficina de al lado (y luego comprándola) empieza a agrandar la consulta hasta transformarse en el ´mejor médico del pueblo y el más querido también.

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