jueves, 12 de noviembre de 2009

la ambulancia

yo no escribo ni canto, tampoco bailo ni pinto, menos esculpo ni diseño, pero por lomenos hablo. Y aunque hable, éste tampoco es mi oficio, ya que prefiero observar antes que a hablar. Sin embargo el observar no es mi pasatiempo, porque cuandomiro mucho un objeto, inerte o animado sea éste, tiendo a personificarlo. De pronto árboles me saludan, los matorrales me conversan, los camnos se ríen y yo... sólo pìenso.

Tal vez soy un pensador crónico, uno que no piensa el cómo, sino el qué. Esto debido a que el cómo me es desconocidoy el porqué no me intereza. Entonces investigo el qué y dejo de ser un pensador. Investigo afanosamente y luego me aburro. Pero "los tontos se aburren" decía mi abuela: es por esto que camino. Camino sin rumbo fijo: hacia el norte, hacia el sur, al oriente y al poniente, doblo en las esquinas, cruzo los caminos, busco una banquilla y me siento.

No estoy agotado, pero aún así me siento. Cierro los ojos y escucho a las aves; me transformo en un oyente. Disfruto la naturaleza y disfruto las urbes, disfruto los lodazales al igual que al asfalto. Entonces miro la hora y corro. Me empiezo a desesperar, me acelero, mi corazón va a mil por hora y todo se vuelve negro.

Despierto en una camilla con una bella enfermera parada a mi lado. Se ríe de mi mala suerte y me cuenta un chiste de elefantes sordos, que resulta ser muy divertido. Le pregunto a la hermosa enfermera: "¿qué me sucedió?" A lo que ella responde: "te atropello una ambulancia"

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