De la vida yo vi el arco iris
con sus colores y sus formas,
de la vida gocé las risas y los olores.
Construí embarcaciones en sueños memorables,
compuse melodías alegres y envidiables.
De la vida sufrí sus escarmiento
que como plagas llegaban de golpe
a podrirlo todo con sus patrañas.
De la vida lloré los quebrantos
amargos como la sangre inocente
derramada en vano por los culposos y penitentes,
pero de la vida disfrute sus arreboles
que llegaban uno a uno a desenmascarar
a los intrusos
y a invitarlos a compartir
como uno más de la vida.
Esa misma vida, que tanto me ha concedido
me ha privado de mí mismo
disfrazándolo todo bajo un manto de conformismo
¡Pues que se pudra todo!
si ya está podrido
¿Cómo disfrutar la vida
si me siento prisionero de ella?
De sus besos, de sus caricias,
de sus cantos, de sus sonrisas
de sus satisfacciones efímeras
de su dificultad efímera
Pero de la vida he disfrutado la vida
cada uno de sus suspiros,
cada una de sus miradas
el brillo de sus pupilas,
el aroma de sus cabellos
mientras se acerca el ocaso
y la humedad del pasto
que acaricia sus muslos pálidos
como los sentimientos que emanan
cuando recuerdo sus brazos
De la vida yo he disfrutado su prescencia
hasta asquearme de ella, hasta darme cuenta
lo utópico de su existencia
hasta aborrecer cada uno de sus pasos
que cual cazador tras su presa
seguí uno a uno en la espesa
selva del olvido.
Me miro y no me reconozco
¿En qué oscura puerta golpeé,
en que siniestro sendero me aventuré?
Pero de la vida recuerdo una cosa:
la ténue, luminosa y feliz inocencia
del día que por primera vez vi
dentro de sus ojos;
me vi reflejado en ellos
como nunca más pude volver a hacerlo.
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