Sobre una triste vereda, sentado, un harapiento de sonrisa melancólica contaba estrellas con la punta de sus dedos. Aquellas pequeñas lucecitas eran sus historias, sus secretos, que recordaba detalladamente. Su única compañia, la soledad, lo acompañaba día y noche, horas y segundos, risas y lágrimas. El nombre del andrajoso era desconocido para todo el mundo, menos para él.
Un día la pena lo embargó con mayor fuerza; la noche estaba nublada y no podía contar los astros, ni pudo recordar sus memorias. Pensó que moriría. Cuando ya casi pudo ver el fin de sus días, cayó dormido en la calle de tristeza.
Sin embargo, la historia no terminó allí. Al despertar, una señorita de ojos luminosos lo observaba dentro de sus recién abiertas pupilas. Cómo te llamas- preguntó ella. Él guardó silencio y a lo único que atinó, fue a contar sus ojos con sus lánguidos dedos antes de desmayarse de nuevo.
Al llegar la noche, el vago vióse en la calle nuevamente. No sabía si había soñado a aquella señorita o si de verdad había visto dos estrellas a plena luz del día. Es así como siguió su rutina y nuevamente se puso a contar estrellas.
-¿Por qué cuentas estrellas con los dedos?- preguntó una voz sincera.
-Porque mis dedos bailan con ellas, mientras mi imaginción danza con mis recuerdos- respondió escuetamente él.
-No me has dicho tu nombre- le dijo insistentemente la vocecilla.
-¿Y por qué debería...?- en ese momento se dio vuelta y vio a la niña de los ojos de estrellas. En ese momento se dio cuenta que no la había soñado. Eres la tú- le dijo balbuceando.
-Si no me dices tu nombre, no puedo ayudarte- le dijo seria.
-Me llamo Ángel Tapia
-Ángel... tú no debes estar aquí, despierta y recupera tu cordura.
En aquel momento el podiosero despertó en el hiospital después de estar tres días desmayado. Desde entonces ya no necesitaba ver las estrellas para recordar su pasado. Desde entonces lo único que tenía que hacer para lograrlo, era cerrar los ojos y recordar a la niña de los ojos de luciérnagas.
jueves, 8 de julio de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
afinito
Sin conocer, abro caminos
senderos extraños, agradables
un cigarrilo en la penumbra;
un golpe a la conciencia.
Una mano congelada
bajo el sol de invierno,
un abrazo triste, vacío,
Perenne.
En ascua trobador triste
Llameante silencio insípido,
ardor de fuego fatuo.
senderos extraños, agradables
un cigarrilo en la penumbra;
un golpe a la conciencia.
Una mano congelada
bajo el sol de invierno,
un abrazo triste, vacío,
Perenne.
En ascua trobador triste
Llameante silencio insípido,
ardor de fuego fatuo.
jueves, 1 de julio de 2010
La muerte en todas sus lenguas
Por qué te acercas silenciosa
en el momento equivocado
sin embargo preciso
y nunca errado
porque cuando sonrío
y mi alma como agua en un vaso
apareces de pronto sin aviso
arrebatándolo todo
pequeña intrusa
Por qué tus manos heladas
tocan con frío perenne
y tu hálito sacro
con cizaña y dolor
se enreda en las almas
desde el pordiosero al escultor
desde el ingeniero al doctor
y tu sonrisa desparramada
aparece entre tanto dolor
disfrutando tu trabajo
pequeña intrusa
Tú que con cantos afónicos
creas futuro arrancando el pasado
arrebatándolo de raíces.
Destrucción es tu apellido
señorita desgracia
que en soledad vives
y en silencio matas
en el momento equivocado
sin embargo preciso
y nunca errado
porque cuando sonrío
y mi alma como agua en un vaso
apareces de pronto sin aviso
arrebatándolo todo
pequeña intrusa
Por qué tus manos heladas
tocan con frío perenne
y tu hálito sacro
con cizaña y dolor
se enreda en las almas
desde el pordiosero al escultor
desde el ingeniero al doctor
y tu sonrisa desparramada
aparece entre tanto dolor
disfrutando tu trabajo
pequeña intrusa
Tú que con cantos afónicos
creas futuro arrancando el pasado
arrebatándolo de raíces.
Destrucción es tu apellido
señorita desgracia
que en soledad vives
y en silencio matas
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