Lo que los ojos como guerra ven
y el estruendo, el oido que escucha
son sólo saltos del corazón, por muchas
son penas, tristezas y algo que
te mata por dentro.
Rehuyes al momento del encuentro
como barco que huye de la orilla
cuando, sin darse cuenta, más de mil millas.
Así se siente lo que fue nuestro.
Como un viejo clavado en una esquina
de su infancia en el tiempo alejada,
como yegua enajenada,
como americalatina.
Como la noche cuando amanece,
tu pena, mi pena, la pena.
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