jueves, 16 de junio de 2011

Catarata

Catarata de sangre,
brazos adozados
a un torso esbelto
del cual emanan
dos raíces,
que alimentan las
aguas fluviales
de tu pecho.

Catarata de fuego.
Quemas los bosques a tu paso,
dejando estelas de olvido
a tus espaldas,
sueños rotos y almas
destrozadas
en la puerta del infierno.

¿Por qué te fuiste Catarata?
Si sabías muy bien que tu cauce
estaba entre mis lánguidos brazos.

Vuela Catarata arcángel.
Que más que un cuerpo fluvial,
eres una golondrina
temerosa de caer enredada

Te observo

¡Cómo eran sus ojos!
Cuando sus cielos de
mediodía
apuntaban al fondo de mi
mirada.
Perdí mi voluntad
por capricho suyo.

Quería sus cabellos arena
entre mis dedos,
quería sus piernas
de cascada amazónica;
no me conformaba
con el placer de observarla.

Sus labios gruesos
se deslizaban en
mis pensamientos.

Poco a poco
el aire me pesaba.

Ella olía a desierto florido,
en su sangre fluía el vino.
Beoda hermosa,
venus de milo
¡Qué no ves que te observo!
Qué no ves que te observo...