jueves, 16 de junio de 2011

Te observo

¡Cómo eran sus ojos!
Cuando sus cielos de
mediodía
apuntaban al fondo de mi
mirada.
Perdí mi voluntad
por capricho suyo.

Quería sus cabellos arena
entre mis dedos,
quería sus piernas
de cascada amazónica;
no me conformaba
con el placer de observarla.

Sus labios gruesos
se deslizaban en
mis pensamientos.

Poco a poco
el aire me pesaba.

Ella olía a desierto florido,
en su sangre fluía el vino.
Beoda hermosa,
venus de milo
¡Qué no ves que te observo!
Qué no ves que te observo...

No hay comentarios: