viernes, 18 de marzo de 2011

Te escribo

Te escribo porque te has
ido, junto a tus cabellos
de fuego sacro y labios
carnosos e insensatos.

Es que mis piernas
titilan como los astros
azules del cielo,
asqueado de pena
y sollozo frondoso.

Te escribo con gran pesar,
ojos de girasoles.

Te escribo con horror,
predicadora de trazos.

Te escribo, porque
me destrozaste el alma
y no dejaste pedazo alguno
para un nuevo sueño.

Sé que pido demasiado,
tu regreso, en diferente cuerpo.
Tu palpitar remojado
en vasto océano,
tu hálito frágil
y escupido desde el cielo.

No digas que nunca te
he llamado, eso sería
mentir descaradamente
a la rosa de los
vientos, extranjeros.

Porque no conosco ni tu
nombre, joya jovial.
No conosco ni tu olor,
ni tu sombra, ni tus
brazos lánguidos,
pero te conosco.

Te he visto llorarle
arrepentida a los ojos
de un desgraciado, a la
boca de un sinvergüenza,
sin escrupulos, ni
consecuencias... sólo
yo te he esperado; solo,
te he esperado.

Y porque te espero
y no apareces,
y porque te quiero
y no sé si vuelves,
y porque no sé si
has nacido
o debo yo parirte.

Muero una y otra vez,
una y otra vez,
una y otra vez,
sin nunca ser
suficiente.

Sin embargo, debo
advertirte: si vienes,
hazlo sin ropa,
porque ni tú ni yo
soportaremos
más de un segundo
sin tocarnos.

Te lo advierto:
la batalla será
extenuante.
Pero quedarás
conforme, al
igual que yo.

No hay comentarios: